Vivimos con su recuerdo
inmersos en esa ausencia
como si fuera más denso su cuerpo
sin su forma física.
Cada vez que revivimos
aquellos minutos postreros
nos parece que otra vez tenemos que
despedirlo.
Queda el misterio profundo
de no saber si oyó
nuestras últimas palabras:
no sabremos si fue bueno
susurrarle aquel adiós.
Recuerdo que en su oído
deslicé ese susurro:
"Vete amadísimo hijo"
"Haz que tu deseo se cumpla"
¿Acaso podia saber si era
eso lo deseado?
Todo tembló en su partida,
los que quedamos, lloramos.
Sin embargo, en lo profundo,
no quisimos rogarle
que con nosotros permaneciera.
Su tierna mirada franca,
su abrazo envolvente,
su inclinación de cabeza,
su comprensión y amor,
su inmensa sabiduría,
eso y más añoraremos
No habrá otro como él.
de no saber si oyó
nuestras últimas palabras:
no sabremos si fue bueno
susurrarle aquel adiós.
Recuerdo que en su oído
deslicé ese susurro:
"Vete amadísimo hijo"
"Haz que tu deseo se cumpla"
¿Acaso podia saber si era
eso lo deseado?
Todo tembló en su partida,
los que quedamos, lloramos.
Sin embargo, en lo profundo,
no quisimos rogarle
que con nosotros permaneciera.
Su tierna mirada franca,
su abrazo envolvente,
su inclinación de cabeza,
su comprensión y amor,
su inmensa sabiduría,
eso y más añoraremos
No habrá otro como él.
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