viernes, 18 de septiembre de 2020

Sueños esquivos

 

No recuerdo mis sueños

estos últimos días;

extraño esos mágicos relatos

que semejan cuentos de hadas

o de brujas, u horrores

infernales, lugares donde estoy,

indeseados,

y de ellos no poder huir.

 

¡Mis sueños

son tan asombrosos!

No puedo dejar de pensarlos

durante la vigilia 

o varios días después.

 

¡Me intriga tanto no recordarlos!

¿Será que mi alma se ha cansado

de susurrar en mi oído lo que debo

hacer, y de verme desobedecer?

Sé que eso son mis sueños:

mensajes del mundo 

que mi alma ve.


 ¿Acaso se alejó y está en algún lugar

 mejor que aquel

que yo le di como morada?

Entonces, ¿no ha de volver?

 

Tiemblo de solo pensarlo.

Dejar de recibir sus mensajes

misteriosos, intrincados,

laberínticos muchas veces,

o casi siempre

impenetrables e insondables,

encantados; 

si eso sucediera,

significaría morir

a la verdadera vida.


Me agrada más vivir en sueños,

en esos sueños más reales, más vivos

que la llamada realidad.

 

Soy tan completo en mis sueños

como jamás lo seré en la vida.

¿Cuándo retornará mi alma

con sus novedades diarias

que ponen ante mí

profundidades ignoradas,

desconocidas para mí

y por ello tan ansiadas?

 

Aprecio su encanto, su luz, 

su novedad,

su primicia, su originalidad;

¿qué sería de mí sin mis sueños? 

Habré dejado de vivir, sin duda.

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