domingo, 27 de septiembre de 2020

Incredulidad

 

He venido, amigo mío,

a consolarte

y a llorar contigo

la partida de tu amada.

Repetidas veces,

habrás escuchado anunciar

su inminente abandono,

mas no quisiste creer

esas palabras vertidas.

 

He venido, apiadado

por tu desolado llanto,

dolor profundo

que lamento tanto.

Tantas veces te dije:

Cuidado, 

no juegues más

con el amor desgastado.

 

Ella era tan tuya,

tanto como puede serlo

aquella que ama

entregándote su vida,

ofreciéndote su alma

sin reservas, sin cautela,

en tu amor confiada. 


Has perdido, amigo;

quien te amaba se ha ido.

Lo más grave y triste es,

que nunca verás de nuevo

esa mujer tan dulce que

de verdad te hubo amado;

esa que hoy está ausente

y se ha vuelto irremplazable.

 

Debo decirte, amigo,

que estabas muy advertido;

cuántas veces lo dijimos

sin haber sido escuchados;

ni ella, con su dulzura y

menos yo, en mi dureza.

Creíste sería imposible

la llegada de ese día.

 

Estoy aquí, amigo mío,

pero sé que no hay consuelo.

No te perdonarás tú

haber perdido a tu amante,

haber sido indiferente.

Pudiste correr, detenerla;

murmurar en su oído

cuánto amor sentías por ella;

con eso hubiera bastado

¡Hoy, amigo mío, ella

estaría a tu lado!

Y con ella, no lo dudes,

tu vida hubieras salvado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario