A este mundo hemos venido
para aprender a amar.
Ciertamente eso es
lo que menos nos ocupa.
Soñamos con amores
de película, fantaseamos,
mientras pasan a nuestro lado
los que no amamos.
Entre esos que pasan
sin recibir nuestro omor,
están nuestros hijos,
padres, abuelos y
hermanos.
Nuestros días se escurren
sin que aprendamos a amar:
No son los imaginarios
a quienes es fácil amar,
sino que son nuestros próximos
tan difíciles de ver,
a quienes no sabemos amar.
Así se nos va la vida,
lamentando no tener
ese amor imaginado
que creímos merecer.
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