Me
sentí de pronto, aniquilada,
rota en pequeños
fragmentos dorados,
que se dispersaban
lentos por el espacio,
alejándose.
De la esfera,
dorada, enorme, fulgente,
voluminosa, tangible,
no quedaba nada más
que innumerable
cantidad de pequeñas porciones
esparcidas en un
interminable espacio negro.
Porque, para ser nueva,
primero tuve que ser nada,
para luego serlo todo en ti,
contigo.
Eso fue el estallido de la esfera
que
me representa, y luego...
en cada fragmento,
la ansiedad del abrazo
que la integrara nuevamente.
Esa es la espera de tu
envoltura,
esa que serás para mí
cuando llegue el momento de ese
abrazo eterno,
ese que me haga,
definitivamente
quien sí soy, ya que hasta hoy,
veo que he
vivido
sin saber...
si alguna vez he sido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario