miércoles, 17 de abril de 2013

Intrincado


Tu excelso amor hizo en mí, que no haya más remembranzas; 
lo que antes me habitaba, o qué antes conocí. 
Soy ajena a mí misma, porque en mí sólo eres tú.

Elegida yo me siento, por lo que en mí derramas; 
por tus gestos primorosos, retoños de tu  amor. 
Tu comprensión y dulzura, 
Tu delicadeza y donosura, 
Tu estilo incomparable de amar, rosa fresca cada vez.

Tus palabras, hechas poema, 
son lazos indisolubles con los que Eros, 
ató mi vida a la tuya, 
y no logro ya arrancarlos, 
¡que no me hagan sufrir más!

¡Dulce dolor del amor!, 
que se clava muy profundo 
y penetra en la médula 
de mi ser femenino, 
que acoge con estupor 
tanto caudal de pasión, 
pasión que está desbordada sin un cauce ni  un fin, 
¡cauce y fin,  que anhelo ser!

Amadísimo de mi vida, 
¿qué impenetrable misterio 
nos envuelve y nos acuna?
¿Por qué el dolor viene siempre
a acompañar al amor?

No hay comentarios:

Publicar un comentario