viernes, 12 de abril de 2013

Karl Jöel, respuesta de mi alma.


Sopla una brisa dulce,  excitante, adormecedora. Sopla en mí,
¿o fuera de mí?

Hasta mí, el sonido de una ola, ¿llega a mi oído?  
No lo sé. El afuera y el adentro 
se confunden. Interno y más mío, suena un oleaje, estoy segura.

 Late cual pulso, como el pulso empujado por mi corazón
     Se aleja, y luego se acerca a mi alma, 
la rodea, la inunda, y casi me parece verla, dentro y fuera.

 Todas las sensaciones se acumulan,
pero en una armonía consoladora.
Todo se vuelve uno: mi interior y lo que me rodea se funde con quien soy.
Entonces el exterior desaparece y el alma va al exterior, se expande en él. 

 Este es el momento del sueño: casi una muerte, inicio de nuevas vidas, y que regresa  todas las noches, y de nuevo, somos otros para volver a renacer.   
¡Ah! ¡Quién pudiera vivir en sueños! Enajenados pero adueñados de la substancia de lo que somos
que sólo somos cuando soñamos. 

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