Sopla una brisa dulce, excitante, adormecedora. Sopla en mí,
¿o fuera de mí?
Hasta mí, el sonido de una ola, ¿llega a mi oído?
No lo sé. El afuera y el adentro
se confunden. Interno y más mío, suena un oleaje, estoy segura.
Late cual pulso, como el pulso empujado por mi corazón
Se aleja, y luego se acerca a mi alma,
la rodea, la inunda, y casi me parece verla, dentro y fuera.
Todas las sensaciones se acumulan,
pero en una armonía consoladora.
Todo se vuelve uno: mi interior y lo que me rodea se funde con quien soy.
Entonces el exterior desaparece y el alma va al exterior, se expande en él.
Este es el momento del sueño: casi una muerte, inicio de nuevas vidas, y que regresa todas las noches, y de nuevo, somos otros para volver a renacer.
¡Ah! ¡Quién pudiera vivir en sueños! Enajenados pero adueñados de la substancia de lo que somos
que sólo somos cuando soñamos.
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