sábado, 19 de noviembre de 2016

Quitar las malezas


Allí estaba, en el jardín, arrancando la maleza
mientras cavilaba, si así pudiera yo mi vida
limpiar de mala hierba, ¡tan sencillamente!
y dejar mi alma limpia de esas malas hierbas
y que nunca más renazcan.

Allí estaba, en el jardín, arrancándolas,
mientras pensaba, por qué crecen las malezas
entre lo bueno, lo agradable y necesario.
¿Será para que luche el hombre
tratando de quitarlas y fracasando?

Allí estaba, en el jardín, arrancándolas
mientras la negrura de mis pensamientos
iba ganando mi alma y rasgando
mi ánimo, y mi pobre corazón exigido
en un latir ya no querido.

Allí estaba, en el jardín, arrancándolas;
mientras con mis desnudas manos las quitaba
y levantaba tales brozas, mi mente me repetía
¡Si fuera tan fácil de limpiar tu vida!,
y una enorme y helada tristeza me ganaba.

Allí estaba, ya no sabiendo dónde estaba,
arrancando con mis desnudas manos, la maleza,
para herir mi piel como mi alma lo estaba
y apagar de ese modo, aquel dolor incomparable,
y tampoco lo lograba...


No hay comentarios:

Publicar un comentario