jueves, 24 de noviembre de 2016
Te has marchado
Te has marchado,
como siempre lo hiciste,
una vez más,
te has marchado.
En silencio, sin quejas
ni reclamos
dejando una estela eterna
de enseñanzas,
te has marchado.
Te has marchado, en paz
con una dulce sonrisa comprensiva,
sabedor de nosotros y sabiendo
que no te conocíamos,
y compadecido, te has marchado.
Siempre estabas más allá,
nunca al alcance de nada ni de nadie;
sin embargo tan dulce tu presencia
tan consoladora, tan considerado
y prudente en el trato.
Supe de ti en un momento:
la vida en este mundo se te hizo
insoportable, insoportables nosotros,
insoportable la mentira inveterada,
insoportable ver más allá de ella.
No pude estar jamás a tu altura,
¡Fuiste tan grande y yo tan pequeña!
Y no era sólo en nuestros cuerpos
esa enorme diferencia, no,
¡lo era en nuestras almas!
¡Pobres de nosotros
que quisimos comprenderte y
explicarnos tu presencia
y tus actos! Pretensión vanidosa
e inútil, ahora lo veo.
Tu ausencia,
tan grande como tu presencia
en nuestras vida, hará,
y es de desear que así sea,
que nunca más seamos como fuimos,
y quieras tú que hayamos aprendido
algo, de aquello que tu vida ha dejado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario