martes, 8 de noviembre de 2016

LLegado a la vida



A la vida he llegado y sin saber el por qué.
Una mañana, una tarde, quizá una noche;
entre el viento, la lluvia, sol o sombras.
A la vida llegué sin saber el por qué, 
tampoco sé qué hago aquí, ni qué es este aquí, 
ni si soy quien dice ser.

A la vida he llegado, una mañana, una tarde,
y sin saber para qué;
hoy estoy aquí parado, mirando todo sin ver.

A la vida he llegado, 
para algo habrá sido,
lo sé muy dentro de mí;
la causa habré de buscar 
antes de irme de aquí.

A la vida he llegado:
mi temor es no aprender
lo que haya sido el fin 
de estar y permanecer. 
Temo que me retiren
antes de que termine
con lo que haya que hacer.

A la vida he llegado
y aún no sé el por qué;
cada día que termina
me encuentra interrogando
cada final de la tarde:
¿A qué he venido aquí?

Hoy, temprano, en la mañana,
una respuesta hasta  mis labios llegó,
sus palabras eran bellas
y pronto me consolé:
"Has venido para amar,
eso debes aprender"

Iluminado camino e
iluminado ahora voy;
no debo olvidar la causa
ni un instante del día,
mirar con amor mi paso
y el de todos los demás.
He llegado a la vida sin saber 
el por qué, bastó un soplo desde mi alma
y ahora sé para qué estoy.

Cada día en mi mañana
la posta he de tomar:
amar es mi única senda
para eso he de estar,
ser consuelo, ser apoyo,
ser cálido hombro,
sin querer jamás juzgar.

¡A la vida había llegado para
aprender a amar!

Tan importante labor nunca
debo descuidar.
Tal vez no pueda cumplir
pero lo he de intentar.
Es muy fácil olvidar
cuál es la tarea esencial;
soy débil y caigo fácil,
sé que será menester:
¡Que mi alma me reconvenga
y vuelva mi paso al amar!


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