A la vida he llegado y sin saber el por
qué.
Una mañana, una tarde, quizá una noche;
entre el viento, la lluvia, sol o
sombras.
A la vida llegué sin saber el por
qué,
tampoco sé qué hago aquí, ni qué es
este aquí,
ni si soy quien dice ser.
A la vida he llegado, una mañana, una
tarde,
y sin saber para qué;
hoy estoy aquí parado, mirando todo sin
ver.
A la vida he llegado,
para algo habrá sido,
lo sé muy dentro de mí;
la causa habré de buscar
antes de irme de aquí.
A la vida he llegado:
mi temor es no aprender
lo que haya sido el fin
de estar y permanecer.
Temo que me retiren
antes de que termine
con lo que haya que hacer.
A la vida he llegado
y aún no sé el por qué;
cada día que termina
me encuentra interrogando
cada final de la tarde:
¿A qué he venido aquí?
Hoy, temprano, en la mañana,
una respuesta hasta mis
labios llegó,
sus palabras eran bellas
y pronto me consolé:
"Has venido para amar,
eso debes aprender"
Iluminado camino e
iluminado ahora voy;
no debo olvidar la causa
ni un instante del día,
mirar con amor mi paso
y el de todos los demás.
He llegado a la vida sin saber
el por qué, bastó un soplo desde mi
alma
y ahora sé para qué estoy.
Cada día en mi mañana
la posta he de tomar:
amar es mi única senda
para eso he de estar,
ser consuelo, ser apoyo,
ser cálido hombro,
sin querer jamás juzgar.
¡A la vida había llegado para
aprender a amar!
Tan importante labor nunca
debo descuidar.
Tal vez no pueda cumplir
pero lo he de intentar.
Tal vez no pueda cumplir
pero lo he de intentar.
Es muy fácil olvidar
cuál es la tarea esencial;
soy débil y caigo fácil,
sé que será menester:
¡Que mi alma me reconvenga
y vuelva mi paso al amar!
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