jueves, 3 de noviembre de 2016
La vuelta de la pena
Fue como en la noche. Llegó, arrolladora,
imparable, invasora, siempre en la noche.
Sea noche por fuera, o que no lo fuera,
esa es la escena, ese es el cuadro,
tinieblas rodean, siempre, a la pena.
Uno anda a tientas, todo lo golpea;
se vuelve uno ciego, insensible a todo
lo que no es su pena. Trastabillando,
temeroso, intrigado y débil, tan sólo
espera que todo acabe, que no haya más pena.
Vuelve la pregunta que no se responde:
¿Por qué está de nuevo sobre mí el dolor?
¿Qué causa invisible ha hecho que vuelva?
¿Es que he provocado la ira de un dios?
¿Los dioses aún miran mis pobres acciones?
Casi demolido, espero el final,
final de la pena, final del dolor,
final de su causa; final de mi vida,
que esta vez parece ya no soportar
y caer vencida.
Ha vuelto la pena, con ella otras muertes:
muerte de alegría, de baile, de canto,
de placeres simples, de sonrisas leves
o de carcajadas. Ha vuelto, y se queda
interminablemente.
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