sábado, 5 de noviembre de 2016

Arrebatado de ese abrazo






En sus brazos fríos, 
ella la envolvía,
sostenía muy prieto
de mi amada el cuerpo
Ciego y sin pensar, arrebatar 
a mi amada exangüe, de su abrazo quise.
Combatí con ella,
luché, grité; me aferré
a ese cuerpo ya casi sin vida,
aullando pedí que su abrazo
abriera y me permitiera
abrigarla en los míos.

Ella me miraba,
dudando, implacable,
pero detenida en su acto
terrible e irremediable.
Tuve esperanza y arreció
mi lucha y ya sin temor,
la enfrenté con furia y gran decisión.

Imploré, lloré, grité;
me ofrecí entero, sin vacilación:
¡mi vida a cambio!, le dije espantado,
y ella, otra vez dudando,
aceptó mi oferta, mas, luego,
imperiosa, sin nunca su helada
majestad perder, 
decidió dejarnos, ¡real concesión!

Fascinada la muerte, ante nuestro amor,
se alejó muy lento, como expectante,
no muy convencida...
Entonces quedamos, temerosos, humildes,
sin atrevernos a hacer otra cosa que
estar protegidos, el uno en el otro
en sagrado amor.


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