viernes, 14 de diciembre de 2012
Oir sin espejos
¿Qué pasaría si rompiéramos los espejos
que cuelgan en los recintos habitados?
¿Qué pasaría si nuestra imagen conocida,
en nuestra mente desapareciera,
yendo a parar a un posible olvido?
Pudiera ser entonces, que dejáramos
aquel empecinado egoísmo y nos
alejáramos suavemente, de estar
siempre centrados en el destino propio,
sin ver a los demás que nos circundan.
Tal vez un cierto miedo nos ganara, y
con horror nuestras miradas se apartaran,
pues nunca antes hubiéramos mirado
las tenebrosas reconditeces de nuestras almas
que huyen temerosas de los juicios
a que la nueva mirada las somete.
¡Ah! Si dejáramos de lado los espejos
tal vez, los cuerpos desaparecerían
y, livianos como el aire, sólo el fluir
de las almas ornaría todas las vidas,
convertidas ahora, ellas, puras, en esencia
única de vida, digna ya de ser vivida.
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