domingo, 9 de diciembre de 2012
Reflexiones
A diario me pregunto, qué hacer con este caudal
potente que pretende convivir conmigo,
y los tiranos recuerdos que no
piden permiso y me invaden sin freno.
Me pregunto, y no sé qué responder a mi historia
que me avanza sin dique y sin filtros,
y me baña toda, penetrándome con sus sensaciones
que se vuelven a vivir como de nuevas.
¿Es que existe una manera de impedir
que la vida se revuelva a cada instante?
¿Que no vuelvan las tristezas y caídas?
¿Que los errores no aparezcan, vergonzantes?
¿Cómo haría yo frente a tamaña enormidad
con tan débil alma que es la mía,
que, debilitada aún más por la tortura,
se amilana y se deja vapulear por esta vida?
¿Quién resiste el asedio del recuerdo?
Que me digan cómo hacen que no vuelvan
Que me den una receta, un consejo
Que consuelen de algún modo mi tristeza.
¡Atroz meditación esta de hoy!
¡Es tan humano el tiempo que tenemos!
Se escapa inevitable, y más no nos queda,
que infortunados rastros de lo que hemos sido.
¿Por qué, pregunto entonces, la frescura
de estos mis recuerdos?
Si nada puedo hacer, que los transforme,
¿para qué vuelven, implacables, déspotas, esclavizantes?
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