miércoles, 12 de diciembre de 2012
Tu llanto
Y ya sin mirar cuál era la causa, derramas copiosas lágrimas, que empapan tu rostro.
Sin embargo, tu llanto es silencioso, discreto, tímido.
Si sonrieras, tal vez lo hicieras con sonidos claros
y como con campanillas,
empero guardas con pudor tus lágrimas,
son tu secreto sufrimiento.
Y cuando tu llanto acaba,
deja en tu cara bellos trazos, y semejas la pintura de un artista
que quiso retratar el rastro que deja un amor que ha terminado.
Y en tus ojos entornados, con rubor muy encendido, medio rostro entre tus manos escondido,
piensas, imaginas, recuerdas,
la causa de este llanto comprimido
y entonces, de nuevo brota de tus ojos
el caudal salado que moja, incontenible,
lo que a su paso encuentra.
No necesitas recordar, ahora que lo piensas;
el dolor está contigo y es tu esencia,
que un amor que ha terminado
es un dolor que comienza y que no acaba
y que muchas lágrimas costará a tus ojos.
De pronto, tu cara ensombrecida por el llanto,
se ilumina apenas, y una triste esperanza
te invade: tal vez pronto vuelvas,
tal vez pronto vuelvas.
Y las lágrimas se secan y retiran y dejan su paso a la sonrisa,
e ilusionada como un niño ante la promesa,
volverás tu rostro hacia la puerta,
y comenzará tu espera...
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