Adormecida, acunada, ensoñada
en un mundo extraño, yo permanecía,
sin poder ver con claridad
lo que el mundo me enseñaba
En un estado de sopor había vivido,
y ahora, despertaba, sorprendida,
entre una bruma que mi visión entorpecía,
y que eran mis constantes fantasías.
Mi carne débil, con amor se estremecía.
¡Y no me daba cuenta!, que el amor no es nada...
Que en las manos, como agua se escurría,
imparable, sin remedio. De mí huía.
Ahora, ya despierta, observo con fría calma,
los despojos que han quedado, rotos,
desgajados; leves rastros de un ser enamorado,
que a golpes de desprecio, quedaron destrozados.
Adormecida, en mi propio ser mecida,
acurrucada, no veía fuera de mis entrañas.
Empobrecida, hoy no tengo nada; ni sueños me quedaron.
Volver a estar adormecida es mi deseo,
antes que despertar y verme abandonda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario