De la pena padecida
ha surgido un cambio,
y mi alma, toda, conmovida
se ha vuelto pétrea, cual
el gris granito.
Ni las caras tristes y
abatidas, ni la vejez que
avanza y se hace vista,
ablandan mi alma,
que está endurecida.
Implorante rostro, ojos
de congoja, alegran
mi pecho; llegó la revancha
y es el disfrutarla,
placer esperado.
¿Para qué agraviaste?
¿Cuál fue tu objetivo?
¿Fue perder, acaso,
lo que fue entregado
sin reserva alguna?
Al fin, lo has logrado.
Desaparecido es, lo que
una vez ha sido.
Y ya sin remedio,
todo se ha ido.
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