Sin quejas, escarnecida, mira hacia lo lejos
Perdida, no cree ya en un amanecer: no puede verlo
¿Con qué comparar su dolor?
Su dilema es continuar, o quedarse allí estancada.
Las noches han perdido su brillo
Las estrellas han huído
La negrura todo lo invade y lo puebla
Y los cielos se ciernen sobre ella.
¿Qué horizonte donde ir elegiría,
sin tener ante sus ojos un lugar
en el cual descansar de sus tristezas?
Su carne está rota, destrozada,
y aún sigue con vida.
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