En los días resecos del dolor y de la rabia,
los buscamos, sin saber si los hallaremos,
y tan sólo aparecen en la vida, cada tanto.
Son aquellos momentos de descanso, en que
amigos amorosos se aproximan, y dulcifican
los duros avatares que golpean, y son oasis.
Oasis plenos de luz y de colores, ideales del reposo,
que animan a seguir en el camino, camino ardiente y desierto,
por el que todos los vivientes caminamos.
Oasis en los que abrevamos, sedientos y cansados,
oasis de las manos extendidas y hombros dispuestos,
al sostén de las cabezas apaleadas.
No los vemos; ya creemos que son un espejismo,
sin embargo, allí están, presentes y reales,
iluminando el descanso del alma, tan ansiado.
Los oasis de la vida son aquellos, a quienes
podemos llamar nuestros amigos
y confiados, apoyados en ellos, descansamos...
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