sábado, 13 de octubre de 2012

Las vertientes

Las vertientes de mi alma vienen,
arrecian, desesperadas, en su urgencia;
piden amplitud para correr su curso;
son vertiginosas y de infinito caudal.
Son dolorosas, teñidas de sangre.

El alma invadida,guarda heridas graves
que vierten su sangre,
interminablemente, como es todo
en el alma, interminablemente.

Un grueso torrente, abundante
y ancho, no termina nunca de manar
su contenido de dolor, y su tristeza
Es eterno o lo parece, por su enormidad.
Es imparable y ¡duele tanto!

¿Para qué tener un alma que no muere,
en un cuerpo tan frágil, que muere lentamente?
Es capricho de los dioses el habérnosla dado.
Es delicia de los dioses, nuestro padecer.
Es durísima agonía esta inagotable vertiente
del alma, derramada incesantemente,
y que acaba con la vida de quien... ¿la posee? 

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