miércoles, 10 de octubre de 2012

Envidia

¿Será que de nosotros, pobres mortales,
los dioses envidian el amor?
Pues tan pronto lo destruyen, cuando lo ven crecer,
y de  crueles miserias lo siembran, hasta acabar con él.

¿Por qué no hay hombre, aun amando, que amparar
pueda, este hermoso sentimiento?
Qué furores tan tremenos provoca en los dioses,
el humano amor, que desatan de inmediato, sobre 
ellos, su venganza, enviándoles, prestos, el tormento
que muy pronto, aniquilará el amor.

Súbitamente acosados por una interminable sed
deambulan, desorientados, buscando no saben
a quién, y cambian constantemente el objeto de su 
amor, sin encontrarlo jamás, pues así, tan extraviados,
¿cómo saber quién es quién?

Sacudidos, los  pobres,  como títeres endebles,
van y vienen y no dejan de sufrir,
pues no encuentran en sus seres cómo calmar esa sed,
e, insaciables, castigados, de nuevo van a buscar
lo que sin saber hallaron, y ahora van a perder.


 

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