Cuando en los atardeceres calmos,
mi alma inquieta, vaga, confundida,
tu imagen vuelve a mí, repetitiva.
No hay rincón oculto donde pueda cobijarme
y en tu rostro amado quedo, atrapado y preso,
indefenso e inerme, en esta muerte seducido.
Océano de angustia sobre mí
se abate, y me ahogo
en sus aguas, sin olvidar
tu cara,que sobrevive, aviesa, a todo olvido,
atisbando mi muerte inevitable.
Cuando en los atardeceres calmos,
mi alma inquieta vaga, confundida,
tu imagen vuelve a mí, y me aniquila.
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