Ladrón, ladrón de amor, que a la tumba envías, por no querer,
de ese mismo amor gozar,
y con horrendo desdén, ese mismo amor desprecias
Ladrón de amor,
que de a poco matas
y en lenta agonía,
mi vida desgajas.
Ladrón, ladrón impenitente,
a quien nada importa
la vida del que ama.
Ladrón, ladrón irredento,
que sólo gozas cuando a otro despojas
y su vida sin aliento dejas.
Ladrón, ladrón que, impío, saqueas,
y que de a poco matas, gozando el placer
de la muerte lenta, que a otros infieres,
y sin conmoverte, pues tu indiferencia
es puñal letal, que jamás falla en su puñalada.
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