martes, 20 de noviembre de 2012

Circular



Nuevas llegan, y otra vez, impotente,
miro atónito, cómo el vértigo,  la ilusión
y la amargura, giran, giran, incansables,
y arrastran nuestra pobre humanidad, en su vuelta
interminable, infinita, inacabable.

No terminan de marearnos y, creemos,
que por fin, ha llegado el remanso esperado
a quedarse con nosotros, y la calma, que
pensamos, permanece indefinidamente,
sin saber que en un instante, un torbellino
nos arrancará de ella,  tan efímera como todo 
lo demás en nuestras vidas.
  
Círculos, que circundan y arrastran desde su centro,
enviándonos a lugares tan lejanos, y nos extraviamos,
y nos pensamos expulsados de su línea envolvente; pero no,
una y otra vez, giramos en su locura constante,
sacudidos en vaivenes poderosos,  y nuestras almas
casi, casi de los cuerpos,  despedidas.

Niestra vida se reduce a girar sin detenernos:
es un viaje inevitable hacia el círculo infinito
de orbitar sin consistencia, y en un vértigo
desconocido e inmaterial, que nos lleva sin retorno.
Después de todo, es nada más, otro giro,
otra alma, otro ser...y de ellos,  el universo lleno. 

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