.
¿Por qué soy tan tenue, tan débil?
De acusador me convierto en abogado,
y me apresuro a justificar todos tus males
acariciando de nuevo la ilusión de ser amado,
y olvidando tan presto tus olvidos.
Odio y amor, combate eterno,
se equilibran en cantidad igual
y me rompen en pedazos,
y comienzo a culparme sin remedio,
y tu figura crece, amada mía.
Me has robado aquella lucidez
que en otros tiempos me adornaba,
y de mí hacía un humano inteligente, o así, yo lo creía;
hoy, me debilito y desvanezco.
Y el único anhelo es, en mi vida tu presencia.
¡Ah! ¡A qué extremos de bajeza he llegado!
Me hago ruin, y quiero ser más ruin contigo,
antes de vivir tu abandono;
y caigo, caigo, caigo, hasta honduras impensadas.
¿Es tu amor quien me conduce al infierno?
¿O es ruindad lo que siempre me ha formado?
No hay comentarios:
Publicar un comentario