No, tu tristeza no inspira mi piedad, ni ya me engaña;
tu tristeza enfurece mi alma, lejos de calmarla,
porque es la tristeza hipócrita del que, servil,
se arrastra, para obtener de nuevo, el bien perdido.
Ruindad, mezquino sentimiento del avaro del afecto,
que ni un paso da, sin obtener su cambio,
y este cambio ha de ser, siempre, para sí mismo, ventajoso.
Andrajos de amor, jirones de seres que
mendigan lo que otros ofrecen desde el alma.
No comprenderás jamás, lo que un amor real te puede dar,
sin esperar un vuelto,sin esperar respuesta, sólo porque se ama.
En mendigo del querer te has convertido, despreciable y suplicante:
Guárdate la dignidad, no pierdas todo.
¡Tan mezquino fuiste!, y hoy, ¡no tienes nada!
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