jueves, 22 de noviembre de 2012

Arrebato

Érase una vez un hombre, que solo estaba, y vio una luz, 
allá, a lo lejos, y ya sus ojos no pudieron apartarse.

Era una luz deslumbrante, y de mirarla no cesaba,
por su brillo y calidez, totalmenete seducido.

En su pecho, una llama, en su mente una obsesión:
esa luz, cuanto antes, sería suya.
 
Emprendió, muy presuroso, en su busca, el camino y,
dejó lo conocido, por opaco y deslucido.

Érase una vez un hombre, que solo estaba, y que
en busca de una  luz había salido...

Encontraron sus despojos ya resecos, calcinados:
la tal luz, era el amor; su destino inevitable había cumplido.

Éranse muchos los hombres, que el tal destino habían elegido.
El amor, no perdona, y todos ellos  han sido destruídos.

Empeñados en gozar de esa luz, todos sucumbimos, que mejor es morir iluminado, que vivir eternamente entre tinieblas.
   

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